Recientemente la Asociación de Empresas Generadoras Eléctricas ha solicitado al Ministerio de Energía que lidere un comité de emergencia para enfrentar los problemas que se prevén en el abastecimiento eléctrico para el próximo año. Parece insólito que las empresas eléctricas estén pidiendo al Ministerio de Energía que intervenga en un tema de total incumbencia de este. 

Sin embargo, la autoridad parece más preocupada de temas más populares para el corto plazo, como el hidrógeno verde, el proyecto “Antípodas” para exportar energía renovable a Asia, a través de un cable submarino de larga extensión, que de los problemas reales que enfrenta el sector.

El Coordinador Eléctrico Nacional, ente independiente de las empresas y del Estado, ha modelado diferentes escenarios y en algunos de ellos se prevé déficit de generación para algunos meses del próximo año. Se prevé también una gran necesidad de diésel para abastecer las plantas termoeléctricas que utilizan este combustible y existen dudas razonables que la logística sea suficiente para suplir la importante cantidad que se requerirá. Lo anterior parece contradictorio con el empeño en la descarbonización, teniendo en cuenta que la generación con diésel emite casi la misma cantidad de CO2 que aquella con carbón, con la agravante que los costos de generar con diésel son sustancialmente mayores, casi triplicándose. 

Muchos se preguntarán cómo es posible que estemos en esta situación, si tenemos tanta energía solar y eólica. La respuesta es simple, las centrales fotovoltaicas solo operan cuando hay sol y las eólicas solo cuando sopla el viento, esto es aproximadamente el 25%  y 30% del tiempo, respectivamente. Sin embargo, también muchos parecen no tener en cuenta lo anterior, particularmente aquellos que plantean medidas como la descarbonización acelerada, es decir, que las centrales a carbón dejen de operar en fechas impuestas sin ninguna base. 

Indudablemente que las posibles soluciones a este problema deben ser previstas y lideradas por la autoridad, que no puede desligarse de una situación que podría traer consecuencias sociales y económicas nefastas para el país, como el encarecimiento innecesario del costo de energía para la industria. 

Por último, respecto a la descarbonización, todos estamos empeñados en avanzar hacia una economía sustentable en el largo plazo, pero con el imperativo de no afectar la calidad de vida de las personas, por tanto esta debe ser muy bien estudiada y debe incluir un plan realista para suplir la energía que estas centrales dejarán de aportar, de forma que el remedio no sea peor que la enfermedad.

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